domingo, 5 de abril de 2009

Yo sí le distingo el conejo a la luna...

Regularmente la noche suele ilustrar pasajes memorables en la vida del hombre. Mi vida, aunque corta, también ha tenido sus episodios relevantes acontecidos en la noche, la pérdida de la inocencia, los lloriqueos frustrados, juegos inocentes, bailes, sueños, carreras, fiestas, y comelonas… la noche me gusta, me enamora, me marea, me seduce… la noche es hermosa.

De la noche lo que más me gusta es el farol blanco tan blanco como el queso, ese farol que ilumina las calles, las casas y que para algunas personas es la única lucecita que llega a sus almas… yo nací una noche del mes de octubre, el mes donde las lunas son muy bonitas, grandes, grandes, blancas, blancas, creo que es por eso que yo si le distingo el conejo a la luna.

Las noches y sus lunas son un pasatiempo antes de dormir, no siempre hay fiestas, pero siempre hay noches; en las noches cierro los ojos y pienso en aventuras, tanto que si duermo pensando en ellas, mis sueños perpetúan las aventuras y al día siguiente despierto muy contenta… las aventuras de las noches me divierten entre sueños, la noche me gusta por que sueño y juego; a veces sueño con nunca dejar de ser niña, otras noches juego a ser una callejera, en otras noches lloró mis tragedias y hay noches en las que solo duermo viendo al testigo eterno, oscuro como el carbón y a su fiel acompañante de queso.

Las noches siempre me acompañan… el día que me vaya quiero que sea de noche, para que así los grillos canten sin miedo y yo, pueda comerme un trozo de queso.

Mis padres tienen la culpa...

de que yo no tenga tantas historias que suceden de noche, pero tal vez sí. Quién sabe. Tengo 19 años y me protegen como si tuviera 12, sin embargo, siempre hay que buscar las oportunidades, ha cualquier hora.

Es de suponer que a los 12 me protegían más que a los 19, pero estarían equivocados. Yo estaba hasta las dos de la mañana platicando con mis amigos, mientras ellos jugaban con un playstation o intentábamos robar naranjas de un carrito. Alguna vez encontramos revistas porno en lugar de naranjas, fue la primera vez que vi porno. Recibí serenata con guitarrita y toda la cosa a los 13 años, mis padres creyeron que mis amigos estaban jugando. Cuando tuve mi primer novio platicaba con él hasta las cuatro de la mañana y sólo nos separaba una ventana. A veces no.

A los pocos años me encerraba con él (no hombre, no con el primer novio) en cuartos que llegabamos a pagar (¿Qué qué??), me gustaba cerrar las cortinas y apagar las luces para pensar que era de noche, me gustaba dormir junto a él. Me gustaba ponerme sus camisas y caminar con ellas por el cuarto, por la sala, por la cocina. Me gustaba platicar con él, jugar a cuestionar la existencia e inexistencia de las cosas. Me gustaba todavía más si era a altas horas de la noche.

La última noche llegó con un boleto de Kusturica. Había gritado con Kusturica, saltado y cantado en la comodidad de mi casa a las dos de la mañana, entregándome al sonido del violín, de los gritos, pero no hay nada como ver señores de la edad de tus padres gritando y jugando en un escenario. No hay nada como ver que regresa aquéllo que creías perdido una noche anterior. La noche trae sorpresas, sólo hay que saber aprovecharlas; hay que sentarse ha escuchar la novena. (Beethoven se esucucha de noche. Hay cosas que sólo debieran suceder de noche.)

Ayer en la noche en el centro histórico de ésta ciudad, ví la pelea de un anarquista contra un cristiano. En la oscuridad, la única forma de distinguirlos eran las letras de sus playeras: -pescadito-"jesús vive en mí" vs -A-"sin dios y sin gobierno". Fue en la calle donde hay un club swinger.

Así es esto de la familia conservadora, para contrarrestarlo se ha de tener inventiva.

Mis etapas.

Soy agnóstico porque aún no puedo ser lo suficientemente fuerte. A través de una lógica deductiva he llegado a formular la inexistencia de un Dios bueno, o en todo caso la sólo posible existencia de un Dios que no es completamente amoroso. No me refiero a la vulgar consideración de los niños que mueren de hambre en África, de las históricas guerras de religión, de la pederastia de Maciel y sus legionarios, del exterminio de los palestinos por parte de los gobiernos israelíes o de los judíos por los alemanes. Al menos, no me refiero solamente a eso.

Por algún tiempo creí en Dios. Incluso recuerdo que alguna vez, cuando era pequeño, llegué a sentir la presencia de Dios en una Iglesia. Después, conforme fui creciendo, mi voluntad de poder comenzó a oponerse a la voluntad de poder de la institución eclesiástica. (“Quien proclama una verdad es porque pretende el poder”.) Nunca había leído la historia de Lutero y los protestantes, pero ya desde una corta edad me parecía que los sacerdotes no debían ser quienes me dijeran qué hacer de acuerdo con su versión y visión de Dios. Pero fui más allá: no encontraba en la Biblia una fuente legítima de la tradición católica, sobre todo con respecto a las normas, ritos y valores que la integraban: Dios no había escrito la Biblia, habían sido unos hombres tan potentes como yo, por lo cual, la religión con una intermediaria se venía abajo para mí.

Sin embargo –y sin conocer que existía la filosofía mecanicista–, seguí creyendo en aquel Dios que sentí alguna vez en la Iglesia, sólo que ahora con mayor libertad. El argumento era: Dios ha puesto a girar el mundo, pero eso ha sido todo; no se entromete en la vida de las personas; no decreta lo que ocurrirá cada segundo de mi existencia y, cuando mucho, sólo sabe cada una de las miles de posibilidades de mi actuar, en ello le va la omnipotencia, pero yo decido cada paso de mi destino; mi Dios es mi origen; yo soy mi destino. Esta visión me permitió justificar masacres, desigualdades, hambres… hombres, todo se remitió a la justificación de los hombres: Dios nos había creado, pero nosotros habíamos decidido poner al mundo en llamas. Los milagros dejaban de existir para mí: Dios no podía intervenir para sanar a mi padre, porque no intervenía para salvar la muerte de un niño: era justo: o intervenía para todos o no intervenía para ninguno. No vivíamos en el paraíso, entonces la segunda premisa se cumplía. La tarea de curar al mundo era una tarea humana, no divina.

Tal pensamiento alivió mis inquietudes divinas por mucho tiempo, pero no pude dejar de pensar (¡Gracias cuerpo, mente, alma, magia y espíritu inquietos!). Mi siguiente formulación deductiva fue la que trastocó verdaderamente mi juicio sobre Dios: Si Dios es el origen, y en el origen fue omnipotente y omnipresente, cuando exhaló un hálito de vida hacia las figuras de arcillas hechas a su imagen y semejanza, ya sabía qué ocurriría con todas y cada una de éstas; en otras palabras, me sitúe en la visión del Dios que pone a girar el mundo, incluso sólo dando paso a la existencia del universo (en esta situación, mi lógica no se contraponía a la idea del Big Bang, sólo suponía que podía haber sido Dios el causante de la primer explosión). Pero aun siendo sólo el primer impulso, Él sabría que después de haber creado el Universo, se formaría una masa primero incandescente y después habitable, en la cual cobrarían vida varios seres, entre ellos el ser humano, y también sabría que se agruparían, que irían poniendo las piedras de su propio camino –sin su intervención–, y sabría, desde ese primer principio, que el camino de la humanidad la llevaría a crear un Hitler, un Stalin, un Díaz Ordaz, un George W. Bush, siendo ellos sólo algunas puntas del iceberg. Y sabría de todas las verdaderas víctimas, desde un principio, pero en esta parte lógica lo fundamental serían los victimarios: Si el infierno existiese, Dios sabría desde un principio que muchos de sus hijos irían a ese lugar. Él habría puesto a girar el mundo. ¿Eso era amor? –Todo tembló, cada respiro, cada paso… ya nada tenía otro sustento.

Después leí más acerca del porqué los hombres buscan a Dios, ya sea para llenar un vacío, o por debilidad, o por ambos motivos. Pero hay otra parte lógica: si Dios existe, yo no puedo saberlo a través de mi razón: es una cuestión de fe. De cualquier manera, este punto de situación me parece algo mediocre y justificatorio de la fuerza o la debilidad; de cualquier manera, he de admitirlo, creo que no soy aún lo suficientemente fuerte: por eso soy un agnóstico más.

sábado, 4 de abril de 2009

Sobre cómo imponerle una religión a tu hijo y otras malas ideas







Creo que la mejor forma de abordar la tragicomedia religiosa en la que vivo sería introduciendo a mis padres. Mi padre es súper religioso, va a misa todos los domingos, devoto de todos los santos (bueno, no todos, pero de muchos sí), cuando sale a trabajar todas las mañanas le da la bendición a todos, incluyendo al coche para que no le pase nada, y así se va tranquilo a la chamba. Mi madre, por otro lado, es el ejemplo perfecto de qué pasa cuando alguien de provincia – en este caso, Mérida – huye hacia el DF para estudiar una carrera, es decir, dejó de lado absolutamente todos los parámetros religiosos tradicionales que le habían inculcado para volverse de esas que sólo van a misa en las bodas, bautizos, primeras comuniones y funerales; los domingos prefiere ver la repetición de The Amazing Race que ir a santificarse.

Evidentemente, en la primaria encontraron (mejor dicho, se esmeraron por encontrar) un convento de adoratrices a cinco cuadras del departamento donde vivíamos; mi madre se fue a entrevistar con ellas para que aceptaran a su chamaca para hacer la primera comunión. Me aceptaron y, pues era obvio, que uno a los 8 años no podía vivir sin saberse de memoria el credo, el padre nuestro y demás “por mi culpa, por mi culpa...”. Nos pasaban diapositivas de cómo había sido –“más o menos”- la vida de Cristo y las múltiples razones – sin mayor explicación, es una especie de “porque si, porque yo lo digo”- por las cuales esa era la verdad absoluta y el eje de nuestra moral. Finalmente tuve mi primera comunión, mis padres habían escogido el día porque era el día de la Santa Cruz (idea de mi padre) y porque coincidía, más o menos, con mi cumpleaños y el día del niño por lo cual se podía englobar todo en un solo regalo (idea de mi madre). Total, que la primera comunión pareció boda y nunca llegué a entender realmente porque lo estaba haciendo.

Siempre mi vida religiosa se ha caracterizado por sus altibajos, es decir, pasé por una larga infancia en donde me gustaba ir a misa con mi papá porque me compraba chicles a la salida, luego me dio flojera y descubrí que me gustaba más jugar videojuegos los domingos, luego entré a una prepa católica, me fui de misiones y me uní a una comunidad religiosa, luego – de la nada – dejé de creer y me convencí de que no tenía sentido tener una creencia que sólo la iba a usar de salvavidas, en donde sin importar que tanto mal haya hecho en la vida, voy y se lo cuento a un reverendo desconocido (valga el adjetivo) y uno puede empezar a pecar y así y así. Tiendo a pensar que hay mejores formas – y mucho más creativas – de limpiar la conciencia y sentirse bien con uno mismo. No voy a mentir, si creo que existe algo, nada más me choca tener que rezarle y hacer todo un show cuando no sé que es, creo en una fuerza superior, pero no creo en el determinismo y en que el infierno puede o no existir (según el Papa en turno), creo en el karma (a pesar de cómo me cita Glo en su entrada), creo en que nuestras acciones tienden a ceñirse a las leyes de la física en donde a toda acción corresponde una reacción de igual magnitud pero en el sentido contrario (seguro la puse mal, pero la idea es la misma). No sé, supongo que hay más en la vida que tratar de convencer a los otros que nuestras creencias son lo mejor y la verdad absoluta. Creo en el derecho que tenemos todos de no ser señalados o juzgados por no pertenecer a la religión dominante en nuestro país. No se debería de imponer la religión, si se hace, siempre sale mal y deja de ser religión, se vuelve costumbre.

martes, 31 de marzo de 2009

Creo, Creía, Creí, Creeré, Creería....

1. Cuando tenía menos años mis creencias me causaron un gran conflicto que, a la larga, y amparado en lo absurdo de mi lógica, fue mi primer acercamiento al conocimiento y reconocimiento de los sinónimos.
Alguna vez escuche hablar a mis papás del pago de las letras de un automóvil, con letras se referían (me enteraría mucho tiempo después) a documentos de crédito, pero en mi confusión infantil genere un sistema en el cual la denominación del transporte dependería de la puntualidad y los pagos que se realizaran. De esta manera algunos morosos tendrían un A-U-T-O, aquellos que solo lograron pagar la mitad obtendrían un C-O-C-H-E y aquel personaje que logrará saldar su cuenta sería el orgulloso dueño de un A-U-T-O-M-Ó-V-I-L.

Increíble pero cierto.


2. En cierto punto de mi vida, cuando, como a todo hombre, me toco la difícil decisión de escoger equipo de fútbol, escogí al que CREÍ que sería un equipo ganador y del cual CREÍ siempre me sentiría orgulloso. Escogí a los Tigres De la UANL, ahora solo creo que van a descender.

3. Me enteré de la inexistencia de los reyes magos a los 7 años (recuerdo la edad exacta porque entre los juguetes había un muñeco de Space Jam) gracias a mi primo Javier, cuando de un clóset
saco una bolsa negra llena de regalos, me costo trabajo entender que los personajes mas "cool" que "conocía" eran una tomadura de pelo, pero ante la contundencia de las pruebas no pude mas que aceptarlo.
Después entendí porque a mis papas no les encantaba la idea de dejar vasos de leche, galletas y agua para tres humanos y tres animales.

4. Estudie en una escuela de monjas durante tres años, mi bisabuela (con la que conviví gran parte de mi niñez) era sumamente católica y me enseño gran cantidad de oraciones que hasta la fecha recuerdo, mi padre es experto en santos, iglesias y oraciones, mi madre devota de San Juditas.
Inevitablemente y por tradición fui católico, después fui ateo, luego pensé que la astrología era una buena guía pero jamás me termino de convencer, ahora creo que hay algo mas; inexplicable, y poderoso, que marca una pauta y nos guía sin involucrarse y sin intenciones de castigarnos.
Cada quien hace su cielo y su infierno, cada quien tiene sus santos y sus diablos, cada quien tiene fe en lo que mas le convence para ayudarle a comprender la forma en que va la vida.

5. Creo en el amor, pero no creo que sea lo único que se necesite, siempre hay algo mas, bien dicen por ahí que "No solo de amor vive el hombre", siempre necesitamos algo mas, siempre queremos algo nuevo y que nos sorprenda.
El amor es algo tan frágil como indestructible, tan antiguo como novedoso... es tan largo el amor y tan corto el olvido... cuando la conoces lo suficiente para entregarte y dejas
atrás los conflictos y las trabas que te ponías, cuando aprendes a amarla, cuando la odias sin medida y después la vuelves a amar sin ataduras, sin pretextos, tal como es; no solo crees en el amor, si no que no te importa nada mas.

6. Siempre vi muy lejano el momento en el que cumpliría 20 años, hoy es el día y aún creo que esto no es verdad.

Ya pienso mejor

Voy camino a la parada del transporte, tengo frío, son las 6:15hrs. Llevo en mi cuello enrollados -en forma de tela- lo recuerdos de mi catolicismo, sí, se trata de un tejido de colores que utilizo hoy para cubrirme del frío, pero que hace años le daba uso de rebozo (pues me quedaba como tal) cada doce de diciembre cuando, vestida de indita, formaba la peregrinación en honor a la Virgen de Guadalupe. Esos tiempos son ya lejanos y fueron intensos. Analizando hoy la situación, considero que mi comportamiento era fanático, en todos los aspectos y por lo tanto bastante extraño para la edad, pero en fin, las circunstancias se dieron y al final yo decidí. Después de muchos domingos sin falta a misa pensaba en mis inconformidades, pero opté por creer sin pensar tanto, o mejor dicho, sin pensar. Creo que esta etapa fue la más apasionante, era mágica como el encanto oscurantista que tiene la Edad Media.
Pasaron los años y las circunstancias cambiaron, me volví una "hermana separada", lo que antes hubiera sido pecado ahora se había convertido en virtud, era extraño, pero convencida estaba de que era lo que el "Señor" quería para mí, su voluntad. Fue en esas prácticas mormonas donde me terminé de formar -o de deformar-, donde por la edad me cuestionaba más al respecto de las normas y principios, por lo mismo pasaba más tiempo luchando contra mis ideas. Autocontrolarme fue la opción para no sentirme incongruente y sobre todo una hija de la perdición.
Hace dos años, mientras elegía carrera, pensé que si estudiaba sociología muy seguramente terminaría siendo atea. He de aceptar que no lo he logrado, pero mientras me he divertido mucho con los chistes sobre Dios o Jesucristo (cosa que no hacía antes), he entendido que las religiones son organizacionalmente más eficientes de lo que pretender serlo en el ámbito espiritual o como código de conducta, que es difícil conjugar ciencia y religión sobre todo cuando se quiere ser congruente, que pocos son -en el caso mexicano- los que practican los principios que fundamentan la religión a la que se supone pertenecen.
No sé si mi situación actual sea consecuencia de un proceso de maduración, lo que si me queda claro es que -diría yo- "los ateos están de moda" y la idea no me asusta como pudo haberlo hecho si yo hubiera seguido por el camino del 'señor', sino que me sirve como un elemento más para comprender al mundo entendiendo este fenómeno como una consecuencia de la crisis del modelo cultural de la sociedad industrial capitalista. Sé que el término es un poco técnico, pero palabra por palabra se entiende mejor.
°°Oración por los alimentos: "Señor te damos gracias por la comida en nuestra mesa, te pedimos por los 850 millones de personas que sufren de hambre diariamente ¿las olvidaste? ¿si?, seguramente tampoco están en tu agenda quienes mueren en tu nombre, matan, hieren y son heridos por la misma razón; te lo recordamos por Jesucristo, tu hijo. Amén"°°

lunes, 30 de marzo de 2009

Energía

Lejos de iniciar una polémica teológica –en la cual saldría muy mal parado-, me gustaría primero expresar que el ser ateo a mi parecer no significa la ausencia de creencias –que tampoco creo posible- sino la ausencia de una deidad dentro de nuestras creencias. Digo esto que para muchos estará de más, para evitar confusiones.

Yo soy ateo. No creo en ningún tipo de dios y no fue del todo por elección propia. Simplemente no me inculcaron ningún tipo de religión. Mis padres creyeron que sería mejor que nosotros decidiéramos que religión tomar. Lo más que hicieron fue bautizarnos –una ironía, pues si acaso existe el Dios de los cristianos, ya pueden juzgarme en el día final. Me metieron a una burocracia cósmica, gran ironía- para ahorrarnos la pena de ser bautizados más grandes en caso de volvernos cristianos o católicos. Esto significó que no desarrollara algún tipo de sensibilidad espiritual. Las cosas eran –y todavía son para ellos- como lo ves, según lo puedas medir y si es comprobable.

Hubo un día cuando esto no me satisfizo. No me parecía que el asunto fuera tan simplista y que mis emociones junto con las conexiones con los demás fueran más que una serie de reacciones bioquímicas. ¿Cómo explican ellos aquel sentimiento que les emerge cuando intuyen algo que es imposible predecir? Evidentemente cuando alguien muere por sorpresa, suena el teléfono y mi madre piensa “alguien ya murió” es un evento inexplicable por la ciencia. Sentir las malas vibras, intuir accidentes; ese sentimiento de buena voluntad cuando sabes que algo bueno está por pasar y pasa. Sentirse ligado con alguien a quien ni conoces. Miles de eventos que se sienten en el estómago y que te recorren la espina y que no tienen explicación científica.

Mi padre diría que los que creen en la energía desde un punto de vista esotérico son unos idiotas. Que la energía son sólo electrones que fluyen. Un punto de vista de la física cuántica. Sin embargo, ¿no acaso la física cuántica tiene teorías que exponen teorías donde todo está hecho por una fina malla, una tela que constituye el todo? Mi creencia se basa en eso y en algo que se ha formado a través de mi convivencia con el mundo.

Es difícil explicarlo, pero sí creo que hay un flujo de energía. No hay ni buena ni mala. Sólo es y fluye por un delgadísimo hilo que conforma a todo el universo. Materia y energía conviviendo en el mismo estado con el vacío. Por este hilo se transmite la energía que liberamos con nuestras acciones y afecta a todo el universo. Aquellos con quien tenemos una liga más estrecha les afecta con mayor intensidad que a los que apenas si conocemos. Es por eso que podemos intuir cómo se encuentran nuestros seres queridos sin siquiera verlos. Este universo está creado por una infinidad de conexiones con los demás, con los elementos, don la naturaleza.

¿Incluye mi creencia algunas reglas de convivencia? ¿Siquiera mandamientos? No, creo que el universo más bien se ocupa en regresarte con alguna resonancia –el karma existe- todo lo que haces. Lo que hagas te resonará como lo hagas. Bueno o malo, eso lo determina uno mismo.

En realidad es algo muy personal que he llegado a compartir con muchos y desarrollar gracias a otros tantos. He conocido algunos que coinciden conmigo, pero no significa esto que mi creencia sea la verdad. Sólo que de algún modo, más de uno se identifica conmigo y nada más.

All you need is love

Siempre he pensado eso. Ya que tuve la fortuna, o mínimo lo veo así, que a pesar de la creencia de mi madre de un Dios y su educación semicatólica, pensaba que Jean Piaget o Montessori tenían toda la verdad sobre como criar niños, lo que llevó a que sus hijos sean unos herejes de primera, refiriéndonos a la Santísima Trinidad.

Cuando tenía 10 años mis padres me dijeron que si quería hacer eso de la comunión, me negué. Ningún niño piensa pasar sus sábados aprendiendo la Biblia. Más tarde, a los 12 me repitieron la pregunta, y es cuando a Glo eso de "un Dios" no le suena. Glo se niega; no existe nada mejor que el apoyo de la tía más mocha que tienes cuando te dice "si no estás segura, no lo hagas". Un año después estuve segura de que nunca la quería hacer. Y así ha pasado mi vida desde entonces. "¿Crees en un Dios?" "No, soy agnóstica". No se puede negar el papel que tiene la religión en la historia y en la transformación social, así como ser un cauce para las acciones humanas.

1. Creo en las acciones humanas, y en la intencionalidad humana. Intento seguir parámetros de conducta muy fáciles, casi tan fáciles como los mandamientos, pues, ¿qué son éstos sino normas sociales?. "No matarás" ¿Por qué será?...

2. Siempre he creído en algo que más tarde saldría explícitamente de la boca de un sabio profesor: "lo que es malo para los demás pero bueno para mí, es malo; lo que es malo para mí pero bueno para los demás, es malo; lo que es bueno para mí y bueno para los demás, es doblemente bueno"

3. Creo en el amor. El amor nos hace buenas personas. Verdad universal. Ya lo cantaban los Beatles:
There's nothing you can make that can't be made.
No one you can save that can't be saved.
Nothing you can do but you can learn how to be you
in time - It's easy.

All you need is love

4. Maldito karma, me ha demostrado que sí existe. Por alguna fuerza más allá de cualquier explicación lógica, me han pasado cosas, dichosas y desafortunadas, que son consecutivas y llegan a caer en eso de "tus acciones serán juzgadas" por una energía metafísica invisible y inmensurable (cito a wiki).Verdad de Dios que eso del karma sí existe, en contraposición a la democracia. Es falaz aquélla frase de Ana Lucía Sarmiento "el karma es como la democracia, no existe"; sólo queda no arrepentirse de las acciones.